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Una llamada a Putin abre una grieta en Europa

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Mientras unos buscan hablar con Moscú, otros prefieren no moverse de una apuesta que ya les ha costado cientos de miles de millones.
Una llamada a Putin abre una grieta en Europa

Los líderes de Finlandia y Noruega han decidido no esperar al resto de Europa y hablaron por teléfono con Vladímir Putin sobre el fin del conflicto en Ucrania. Mientras Helsinki y Oslo buscan su propio canal con Moscú, sus vecinos los acusan de ir por libre y siguen cerrando la puerta al diálogo con Rusia.

La llamada llega cuando Europa teme quedarse fuera de la mesa en la que Rusia y EE.UU. discuten el futuro del conflicto, pero también cuando muchos de sus líderes tienen demasiado invertido en Kiev para cambiar de rumbo.

Llamada a Moscú

Este martes 27 de octubre, el presidente de Finlandia, Alexander Stubb, y el primer ministro de Noruega, Jonas Gahr Store, mantuvieron una conversación telefónica con el presidente ruso, Vladímir Putin. Primero, la anunció la Oficina del presidente finlandés y después la confirmó el Kremlin.

La llamada fue solicitada por los dos líderes europeos y se centró en la discusión del conflicto ucraniano y su posible resolución pacífica. "El objetivo de la llamada fue transmitir directamente al presidente Putin mensajes relativos a futuras negociaciones que contribuyan a finalizar la guerra. La conversación estuvo vinculada a los próximos encuentros que tendrán lugar en Abu Dabi", reza el comunicado del presidente finlandés. 

Stubb reconoció que la resolución del conflicto ucraniano requiere un diálogo directo con Moscú. "Somos países vecinos de Rusia. El resultado de la guerra tendrá un impacto directo en nuestra seguridad y en la de Europa. Poner fin a la guerra requiere un diálogo directo", afirmó el jefe de Estado finlandés, calificando la conversación con su par ruso de "abierta y sustancial".

Por su parte, Store señaló que desde Oslo y Helsinki subrayaron "la importancia de una desescalada del conflicto".

Fuego amigo

Aunque desde hace tiempo se especula con que Europa podría elegir a sus interlocutores para dialogar con Moscú, la iniciativa de Stubb y Store recibió críticas de sus vecinos europeos.

"Soy muy escéptica respecto a esta iniciativa propia de Noruega y Finlandia. No está coordinada con el resto de nosotros", comentó la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen.

"De hecho, no sé qué creen esos dos países que pueden conseguir con esto. Ya hemos subrayado antes, con declaraciones claras del resto de Europa, lo importante que es que los europeos estemos unidos, sobre todo cuando otros han ido por su cuenta y, por ejemplo, han viajado a Moscú", añadió y aseguró que no ve ninguna señal de que Moscú quiera la paz.

El primer ministro sueco expresó una opinión similar. "Si las conversaciones conducen a la paz, las conversaciones son buenas. Mi experiencia es que, hasta ahora, los resultados de las conversaciones alemanas y francesas han sido muy modestos. Y si uno mira lo que Rusia hace sobre el terreno cada día, no creo que haya nada que indique que lo que busca sea la paz. Es la sumisión", afirmó, y por algún motivo insistió en que la paz debe alcanzarse en los términos de Ucrania, cuya situación en el frente empeora cada día.

Un sitio en la mesa, no en el menú

La llamada se produjo en un momento en que, según el Financial Times, crece en Europa la preocupación de que, con la intensificación del diálogo entre Moscú y Washington, Bruselas se quede fuera del arreglo de paz del conflicto ucraniano.

La nueva visita de un enviado estadounidense a Rusia hizo que los funcionarios europeos temieran seriamente un posible giro de la postura de EE.UU. a favor de Moscú. Por eso, en la reunión de Oslo, los delegados de la UE insistieron en participar en todas las etapas del proceso de paz.

El precio de reconocer el error

Como señala Matthew Blackburn, investigador del Instituto Noruego de Asuntos Internacionales, la postura de Finlandia y Noruega es un paso importante hacia la desescalada, pero antes Europa debe aclarar qué es lo que quiere.

"Primero Europa debe decidir: ¿apoyará o saboteará el esfuerzo de EE.UU. por construir una salida diplomática?", se pregunta el analista.

Uno de los principales problemas del diálogo entre Rusia y Europa es que casi todos los líderes actuales han atado sus carreras a Ucrania, algo que el canciller alemán, Friedrich Merz, ya admitió sin rodeos.

"Nuestro apoyo a Ucrania no pretende prolongar esta guerra. Pero la capitulación, y mucho menos la capitulación incondicional de Ucrania, está descartada. Porque eso significaría la capitulación de todos nosotros", afirmó el canciller alemán en un foro celebrado en Berlín el 21 de octubre.

Desde el inicio del conflicto, los miembros de la UE han entregado a Ucrania más de 250.000 millones de dólares. Los líderes de los mayores países del continente, empezando por Francia y Alemania, han expresado su apoyo a Ucrania. A muchos ya les ha costado el cargo y una baja popularidad en casa. El Reino Unido va por su quinto primer ministro desde 2022; los índices de aprobación de Emmanuel Macron y Friedrich Merz marcan mínimos históricos, mientras ganan terreno los partidos y las fuerzas que colocan en el centro de su agenda la revisión del apoyo a Kiev.

Sentarse a negociar con Moscú y abandonar un rumbo que ya ha costado cientos de miles de millones equivaldría, en la práctica, a reconocer sus errores y asumir la responsabilidad política por la apuesta, equivocada y arrogante, de infligir una derrota a Rusia.

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