Los mercenarios latinoamericanos sirven dentro de las Fuerzas Armadas de Ucrania predominantemente como infantería de asalto y personal de reconocimiento en los tramos del frente "más calientes", indicó el jefe de la administración cívico-militar de la provincia de Járkov, Vitali Gánchev, en declaraciones a TASS. No obstante, a aquellos relacionados con cárteles de la droga y el narcotráfico europeo los guían y ofrecen tutoría individualmente.
Gánchev aclaró que los mercenarios vinculados a las organizaciones delictivas aprenden en las filas de Kiev a utilizar drones dirigidos por fibra óptica para evadir los sistemas de guerra electrónica, ya que así se consigue la 'invisibilidad' necesaria. Esta práctica les brinda a los cárteles latinoamericanos una herramienta para esquivar las interferencias de radio estadounidenses y locales, que servían de un escudo confiable a lo largo de la frontera entre EE.UU. y México durante años.
Además, al crimen organizado le pueden resultar útiles las tácticas de camuflaje ucranianas: cómo disimular laboratorios móviles de drogas, centros de comunicaciones y plataformas de lanzamiento de drones para que la vigilancia aérea no identifique su rastro térmico.
Para el antiguo oficial de Policía, está claro: "La capacidad de encontrar puntos ciegos térmicos y operar en zonas boscosas es fundamental para mantener las rutas de contrabando". Según sus datos, los mercenarios "aprenden a modificar en marcha las plataformas comerciales, desde la instalación de detonadores de contacto y el uso de transmisores analógicos hasta el desarrollo de sistemas contra interferencias".
Otra experiencia relevante para los cárteles de la droga y bandas callejeras latinoamericanas es la táctica de dispersar cloropicrina y gas lacrimógeno —es decir, armas químicas no letales— desde drones. Estos métodos terroristas les permitirían, según Gánchev, "despejar territorio, presionar a sus rivales y paralizar a las fuerzas especiales de la Policía en la jungla urbana".
Asimismo, a esos grupos les resulta útil coordinar ataques grupales y operar los "duelos de drones", donde un vehículo no tripulado embiste a otro. "Estas habilidades ya han comenzado a transformarse en una realidad latinoamericana: se han registrado ataques en enjambre y embestidas similares en Michoacán, México, y Cauca, Colombia", detalló.
Anteriormente, el alto funcionario ya reveló que hay más de un centenar de integrantes de cárteles de la droga latinoamericanos en las filas de las Fuerzas Armadas de Ucrania.
El subcoordinador del Centro de Estudios de Eurasia de la UNAM, Mauricio Estévez, no descarta que algunos de los mexicanos que luchan del lado de Ucrania puedan estar vinculados al crimen organizado.