Donald Trump prácticamente no descarta reanudar los ataques estadounidenses contra Irán después de las elecciones de medio mandato.
Sin embargo, durante esta tregua, en el conflicto ha surgido un nuevo frente que amenaza a Washington y a sus aliados regionales y que le da a Teherán un instrumento de presión. Se trata de Yemen, donde el movimiento Ansar Alá (los hutíes) refuerza cada vez más sus posiciones, controla instalaciones clave y mantiene la capacidad de alterar el tráfico en el estrecho de Bab el Mandeb.

Hasta ahora, Trump se ha negado a sumarse a los ataques de Arabia Saudita contra los hutíes, pero todo podría cambiar.
Trump, molesto con los hutíes
El domingo, ante una pregunta directa sobre una posible participación, respondió: "Vamos a estudiarlo… Tomaremos una decisión. Nos movemos muy rápido".
El martes afirmó que los hutíes se están "portando muy mal" y acusó al grupo de atacar Arabia Saudita para disparar a propósito los precios del petróleo antes de las elecciones de medio mandato estadounidenses, que tendrán lugar el 3 de noviembre.
En una publicación en Truth Social, el mandatario afirmó que no olvidará las acciones del movimiento yemení y prometió que se ocupará del asunto después de las elecciones.
"Han permanecido en silencio durante mucho tiempo, pero ahora han vuelto a aparecer, probablemente por indicación de Irán […] y lo han hecho de una manera muy desagradable, atacando a Arabia Saudita e intentando deliberadamente disparar los precios del petróleo, probablemente antes de las elecciones estadounidenses. ¡No está bien!", aseveró.
¿Por qué Trump podría intervenir?
En uno de los recientes ataques de los hutíes murió un ciudadano estadounidense, y la cadena CBS News planteó que esa muerte podría aumentar la presión sobre Trump para responder.
Annelle Sheline, investigadora del programa de Oriente Medio del Quincy Institute, considera probable que Trump se vea obligado a intervenir más pronto que tarde.
"Parte de la razón por la que la Administración Trump no ha cedido a la petición de Mohammed bin Salmán [el príncipe heredero saudita] de participar directamente en los ataques contra Ansar Alá dentro de Yemen es que los sauditas expulsaron a los emiratíes de Yemen el pasado enero", afirmó Sheline.
"EE.UU. está muy alineado con los Emiratos Árabes Unidos, que a su vez, obviamente, están muy alineados con Israel, así que en la Administración existe la idea de que los sauditas se lo buscaron y ahora les toca cargar con las consecuencias. Pero eso también implica que, cuando Trump sienta que los sauditas ya han sufrido lo suficiente, intervendrá de forma más directa", añadió.
Quizá con aún más urgencia, Mohammed bin Salmán podría poner sobre la mesa todas sus inversiones en EE.UU. El reino prometió el año pasado 600.000 millones de dólares, incluido un acuerdo de armas por 142.000 millones.
"Así que no creo que falte mucho para que Mohammed bin Salmán le diga a Donald Trump: 'Mire, no se lo voy a volver a pedir: si no nos ayuda, tendremos que reconsiderar nuestras inversiones en Estados Unidos. Tendremos que reconsiderar las inversiones en su familia, en la marca Trump'. E imagino que eso a Trump le tocaría un poco más de cerca", considera Sheline.
Una guerra que ya se perdió
Por su parte, John Mearsheimer, profesor de la Universidad de Chicago, recordó que EE.UU. ya intentó doblegar militarmente a los hutíes en 2025, pero pronto se dio cuenta de que era una idea sin futuro.
"Lo cierto es que Estados Unidos no tiene forma de derrotar militarmente a los hutíes. Ya fuimos a la guerra contra ellos una vez. No pudimos vencerlos entonces y, desde luego, no podemos vencerlos ahora", señala el experto.
"Así que lo que yo diría es que, si subimos la apuesta contra los hutíes e intentamos derrotarlos de nuevo, lo más probable es que no lo logremos. Y además, probablemente empeoraremos una situación que ya es mala, porque los hutíes tomarán represalias contra objetivos en Arabia Saudita que son enormemente importantes para el flujo de petróleo del Golfo hacia los mercados mundiales", añadió.



