El panorama político de Brasil de cara al balotaje revive una de las dinámicas electorales más complejas de su historia reciente: la llamada 'maldición de la primera vuelta'. Este fenómeno estadístico castiga de forma reiterada a los candidatos que llegan en segundo lugar a la cita decisiva, quienes históricamente se quedan sin opciones de remontar el resultado en la decisiva segunda vuelta presidencial.
Este es el escenario que afronta el actual mandatario brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, tras cosechar el 45,16 % de los votos en primera vuelta, un resultado que lo coloca por detrás del ultraderechista del Partido Liberal, Flávio Bolsonaro, quien obtuvo el 47,03 %, según los resultados oficiales del Tribunal Superior Electoral (TSE). Así, la tendencia histórica pone al líder del Partido de los Trabajadores ante un reto inédito: lograr una remontada electoral para la cita del próximo 25 de octubre
Desde 1989, con el retorno de la democracia en Brasil, ningún aspirante a la Presidencia que obtuvo el primer lugar en la ronda inicial sufrió una derrota en la votación definitiva. Esta regularidad estadística constituye un factor de peso que define las expectativas del electorado de cara al resultado final, siendo así que la historia electoral del país demuestra una consistencia en el comportamiento de los votantes entre ambas rondas, reseña la prensa local.
Los resultados de los balotajes confirman esta tendencia irreversible durante más de tres décadas consecutivas. En 1989, en la primera elección presidencial en democracia, Fernando Collor de Mello superó al propio Lula da Silva tras liderar la primera ronda. Posteriormente, esta misma inercia favoreció al actual mandatario, quien repitió la estadística a su favor frente a José Serra en 2002 y ante Geraldo Alckmin en 2006. Del mismo modo, Dilma Rousseff aseguró sus mandatos en las segundas vueltas de 2010 y 2014 contra José Serra y Aécio Neves, respectivamente.
Este patrón también llevó al triunfo a Jair Bolsonaro sobre Fernando Haddad en 2018, y le permitió al propio Lula vencer a Bolsonaro en los comicios de 2022. Las únicas excepciones a este esquema ocurrieron en 1994 y 1998. En esas ocasiones, Fernando Henrique Cardoso obtuvo la Presidencia de forma directa al superar el 50 % de los votos válidos en la ronda inicial.
El desafío de Lula, que conoce de cerca la mencionada regularidad estadística, pasa por cambiar el registro histórico para inclinar la balanza de su lado. A fin de lograrlo, el líder progresista debe asumir varios desafíos logísticos y alianzas políticas urgentes. Su estrategia requiere reducir la abstención, captar a los electores indecisos y el apoyo de aliados en terceras fuerzas. Solo así sumará el 5 % de votos necesario para superar la mitad de los sufragios válidos y frenar el avance de Bolsonaro, quien ahora cuenta con la oportunidad de mantener la racha histórica a favor del primer lugar.

