El proyecto estadounidense 'Cúpula Dorada', impulsado por la Administración de Donald Trump, pretende crear un sistema de defensa capaz de proteger el territorio de Estados Unidos frente a misiles lanzados desde diferentes puntos del planeta. Una parte fundamental de esta arquitectura podría desplegarse en el espacio. Aunque todavía no está claro cuándo se hará realidad el proyecto, ni si será finalmente construido en la escala prevista, su mera existencia ya está influyendo en los cálculos estratégicos de Rusia y China.
Hace unos meses, en una declaración conjunta, Vladímir Putin y Xi Jinping expresaron su preocupación por la 'Cúpula Dorada' y advirtieron de sus posibles consecuencias para la seguridad internacional.
Moscú y Pekín consideran que el desarrollo de un sistema estadounidense de defensa antimisiles con componentes espaciales puede alterar el equilibrio estratégico y aumentar el riesgo de una nueva carrera armamentística. Ambos países también se oponen al despliegue de armas en el espacio y subrayan la necesidad de preservar el espacio ultraterrestre para fines pacíficos. Según las partes, impedir la militarización del espacio es una condición importante para mantener la estabilidad estratégica y evitar una nueva escalada entre las principales potencias.
Así, un proyecto concebido como defensivo puede terminar estimulando una nueva carrera armamentística.
La matemática militar
En la estrategia militar existe una regla sencilla: defenderse suele ser más caro que atacar. Un interceptor espacial estadounidense puede costar alrededor de 65 millones de dólares, mientras que las estimaciones sobre el coste total de la 'Cúpula Dorada' llegan hasta 1,2 billones de dólares a lo largo de varias décadas.
El problema aparece si Rusia y China responden aumentando sus capacidades ofensivas: misiles balísticos intercontinentales, armas hipersónicas, misiles de crucero o sistemas antisatélite. Para mantener la eficacia de su defensa, EE.UU. tendría que invertir todavía más en sensores, interceptores y otros medios de protección.
Solo en los últimos años, Rusia ha presentado al mundo tres sistemas de misiles de vanguardia: el sistema submarino de propulsión nuclear Poseidón, el misil balístico hipersónico Oréshnik y el misil de crucero de alcance ilimitado Burevéstnik.
Para saber más detalles sobre las características del Poseidón, el Oréshnik y el Burevéstnik, lea nuestros artículos
Se crea así un círculo difícil de romper: Washington refuerza su defensa, Moscú y Pekín aumentan sus capacidades, y EE.UU. vuelve a ampliar su sistema defensivo. La carrera no necesita ser provocada por una intención ofensiva; puede surgir simplemente de la lógica de la planificación militar.

Un vacío legal
El riesgo aumenta debido a la actual crisis del control de armas nucleares. El último tratado estratégico entre EE.UU. y Rusia START III expiró en febrero de 2026, dejando a las dos principales potencias nucleares sin un acuerdo bilateral vigente que limite sus arsenales.
Rusia ha propuesto mantener las restricciones del tratado, pero EE.UU. no ha aceptado prolongarlo formalmente. Washington quiere que China participe en un futuro acuerdo. Pekín, sin embargo, sostiene que su arsenal nuclear es muy inferior al de EE.UU. y Rusia y que, por tanto, no debería asumir las mismas obligaciones. Francia y Reino Unido tampoco están dispuestos a incluir automáticamente sus fuerzas nucleares en este tipo de negociación.

Este vacío jurídico coincide con la aparición de nuevas tecnologías militares. Sin reglas claras, cada potencia tiene más libertad (y más incentivos) para aumentar sus capacidades.
¿Hay una salida?
El analista Jeffrey Lewis plantea una posible solución inspirada en el Tratado ABM de 1972. Aquel acuerdo limitó los sistemas de defensa antimisiles de EE.UU. y la Unión Soviética. La lógica era paradójica pero sencilla: si ninguno de los dos podía construir una defensa ilimitada, tampoco necesitaba aumentar constantemente sus arsenales ofensivos para superarla.

El Tratado ABM fue durante décadas uno de los pilares de la estabilidad estratégica. EE.UU. se retiró de él en 2002, argumentando que necesitaba libertad para protegerse de amenazas procedentes de países como Irán y la República Popular Democrática de Corea (RPDC).
Hoy podría ser necesario recuperar aquella lógica en una nueva forma. Un acuerdo que limite simultáneamente las capacidades ofensivas y defensivas (incluidas las tecnologías espaciales) podría impedir que la 'Cúpula Dorada' se convierta en el primer paso de una nueva carrera armamentística en el espacio.



