El Pentágono atraviesa un período de profunda agitación debido a la convergencia entre una crisis en su liderazgo y otra en la capacidad de sus operaciones. Así, 6 meses después de iniciar la guerra contra Irán, Pete Hegseth se encuentra al frente de un Departamento de Guerra que cuenta con menos altos mandos, menos armas cruciales y una menor rendición de cuentas públicas que en cualquier otro momento de los dos mandatos del presidente Donald Trump, recoge Axios.
- La renuncia de Driscoll: Dan Driscoll presentó este lunes su renuncia como secretario del Ejército, después de meses de tensiones con Hegseth sobre el liderazgo y la modernización de la institución. La salida de este alto cargo —amigo íntimo del vicepresidente J.D. Vance, elegido por Trump para la delicada diplomacia en Ucrania e incluso considerado como un posible reemplazo para el actual jefe del Pentágono— se produjo tras el cese de Randy George como secretario de la Armada.
- Otras salidas y bloqueos: Hegseth ha cesado o forzado la dimisión de altos mandos en prácticamente todas las ramas de las Fuerzas Armadas, sumando más de dos docenas de destituciones durante su gestión. Solo los jefes del Cuerpo de Marines y de la Fuerza Espacial que heredó siguen en servicio. Asimismo, ha excluido personalmente de las listas de ascensos de este año a por lo menos 45 oficiales —una intervención extraordinaria en un sistema tradicionalmente aislado del liderazgo político—, entre los cuales figuran más de una docena de militares afroamericanos, hispanos o mujeres.
- El impacto: El efecto acumulativo es una cúpula militar más reducida justo en el momento en que la guerra contra Irán está poniendo a prueba los límites del Ejército estadounidense.
- Los retos del Ejército: Los comandantes al mando en Europa, el Pacífico y Latinoamérica se opusieron formalmente al despliegue de tropas para la guerra contra Irán, advirtiendo que estos reducen su capacidad para hacer frente a amenazas en otros lugares. De manera similar, Daryl Caudle, jefe de operaciones navales, se opuso al despliegue debido a que apenas una cuarta parte de sus destructores están listos. Por otro lado, informes aseguran que EE.UU. habría utilizado alrededor de la mitad de sus existencias previas a la guerra de interceptores como los Patriot y THAAD, así como cerca de un tercio de su arsenal de misiles de largo alcance Tomahawk y JASSM.
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- Control y represalias: El Departamento de Guerra se ha vuelto mucho menos accesible al público. No ha celebrado una rueda de prensa formal desde el 5 de mayo —casi 4 meses de silencio en plena guerra—, a pesar de la promesa inicial de convertirlas en algo habitual. Además, se han designado discretamente a varios militares en puestos civiles mientras promovían públicamente la agenda de Hegseth y atacaban a sus críticos. En paralelo, Hegseth enfrenta señalamientos por querer controlar tanto a los funcionarios de la institución como a los periodistas que cubren el Pentágono.
- ¿Hay futuro para Hegseth?: La agitación no ha hecho más que fortalecer la posición de Hegseth, quien sobrevivió al escándalo de Signalgate, ha superado a potenciales rivales y está consolidando su control en la institución, al tiempo que el presidente Trump ha reforzado su apoyo hacia él solicitando un presupuesto récord de 1,5 billones de dólares para el Pentágono, recuerda Axios.


