La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) de Estados Unidos lanzará este domingo 30 de agosto el Telescopio Espacial Nancy Grace Roman, un observatorio diseñado para investigar uno de los mayores misterios del universo: la materia oscura y la energía oscura.
La materia oscura es una sustancia invisible que no emite luz ni energía detectable, pero representa aproximadamente el 27 % del universo. Los científicos saben que existe porque su gravedad afecta al movimiento de galaxias y a la formación de estructuras cósmicas.
El lanzamiento está programado desde Cabo Cañaveral, Florida, y marca el inicio de una misión que busca responder preguntas fundamentales sobre la composición y evolución del cosmos. El cohete que se utilizará para poner el proyecto en órbita es un Falcon Heavy de SpaceX.
El telescopio lleva el nombre de Nancy Grace Roman, la primera astrónoma jefe de la NASA, quien fue una figura clave en el desarrollo de la astronomía espacial. Roman falleció en 2018, pero su legado continúa con este proyecto que promete revolucionar la comprensión científica del universo. La misión tiene una duración planificada de cinco años, aunque podría extenderse si las condiciones lo permiten.
Un campo de visión sin precedentes
A diferencia de su predecesor, el Telescopio Espacial Hubble, el Roman puede observar áreas mucho más grandes del cielo en una sola imagen. Su campo de visión es aproximadamente 200 veces mayor que el del Hubble, lo que le permite capturar vastas regiones del espacio en menor tiempo. Esta capacidad será crucial para mapear la distribución de galaxias y estudiar cómo la materia oscura afecta a su formación y movimiento.
El Roman utilizará el efecto de lente gravitacional, un fenómeno que Albert Einstein predijo hace más de un siglo. Cuando la luz de una galaxia lejana pasa cerca de un objeto muy masivo, como un cúmulo de galaxias, la gravedad de ese objeto curva el espacio a su alrededor. Esta curvatura actúa como una lupa invisible que deforma y amplifica la luz de la galaxia distante, creando imágenes múltiples o distorsionadas que los científicos pueden analizar.
Esta técnica es fundamental para detectar materia oscura, porque aunque esta sustancia no emite luz, sí tiene masa y gravedad. Al observar cómo se deforma la luz de galaxias lejanas, los astrónomos pueden elaborar mapas que muestran dónde está concentrada la materia oscura invisible.
Búsqueda de respuestas cósmicas
Otro objetivo central es estudiar la energía oscura, una fuerza aún más enigmática que constituye cerca del 68 % del universo. A diferencia de la gravedad, que atrae objetos entre sí, la energía oscura parece empujar todo hacia afuera, causando que el universo se expanda cada vez más rápido.
El telescopio hará una medición sin precedentes de esta expansión, observando supernovas distantes y la distribución de galaxias a lo largo del tiempo. Las supernovas son explosiones de estrellas moribundas que brillan con intensidad predecible, funcionando como marcadores de distancia en el universo. Al estudiar cómo su luz ha cambiado mientras viajaba hacia nosotros, los científicos pueden calcular qué tan rápido se expandía el espacio en diferentes épocas.
Más allá de la materia oscura
Además de investigar estos fenómenos invisibles, el Roman buscará exoplanetas, mundos que orbitan estrellas fuera del sistema solar. La misión podría ampliar el catálogo conocido de estos y acercar a la humanidad a responder si existe vida en otros lugares del universo.
El telescopio también realizará observaciones generales del cosmos, disponibles para la comunidad científica global. Estos estudios incluirán desde la formación de estrellas en la Vía Láctea hasta el análisis de galaxias antiguas que se formaron poco después del Big Bang.
Con un espejo primario de 2,4 metros de diámetro, similar al del Hubble pero con instrumentos más avanzados, el Roman promete entregar imágenes y datos que transformarán múltiples campos de la astronomía durante la próxima década.
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