Esta semana, el ministro de Defensa de Japón, Shinjiro Koizumi, sorprendió al afirmar que el país debe debatir abiertamente la posibilidad de contar con armas nucleares. Las declaraciones resultan especialmente simbólicas tratándose de la única nación del mundo que ha sufrido ataques atómicos.
El pronunciamiento refleja un cambio cada vez más evidente en la política de Tokio. En paralelo al acelerado proceso de remilitarización impulsado por el Gobierno, las autoridades japonesas comienzan a cuestionar uno de los pilares de la política exterior del país desde la Segunda Guerra Mundial, despertando inquietud entre sus vecinos.
Adiós al tabú nuclear
El lunes, Koizumi afirmó que su nación debe volver a debatir la cuestión del armamento nuclear, un asunto que durante décadas permaneció prácticamente fuera del debate político.
"Para Japón es un tema difícil de abordar, pero hay una cuestión que no podemos evitar: la nuclear", declaró el ministro. A su juicio, el país debe "debatir y desarrollar todas las políticas sin tabúes", aludiendo al cambio del panorama estratégico internacional. Como ejemplo, mencionó el fortalecimiento del arsenal nuclear francés y la decisión de Finlandia de permitir el despliegue de tales armas.
Sus declaraciones representan un desafío directo a los Tres Principios No Nucleares adoptados por Japón en 1967: no poseer, no fabricar ni permitir la introducción de armas nucleares en su territorio.
Esa posición ha comenzado a erosionarse desde la llegada al poder de la primera ministra Sanae Takaichi. En noviembre del año pasado evitó responder de forma clara si su Gobierno seguiría comprometido con los tres principios, una ambigüedad que muchos analistas interpretaron como el primer paso hacia una revisión de la doctrina tradicional.
El nuevo militarismo japonés "ya ha mostrado los dientes"
Las declaraciones del ministro provocaron una rápida reacción de Pekín, donde las autoridades advirtieron que el abandono de los principios no nucleares por parte de Tokio representa un riesgo para la estabilidad regional.
"Que el actual responsable del sector de defensa de Japón haya hecho las mencionadas declaraciones es algo sumamente raro en la historia del Japón de la posguerra, y reviste un carácter altamente provocador y peligroso. La ambición de las autoridades gobernantes japonesas de romper con los 'tres principios no nucleares' y desafiar el orden internacional de la posguerra queda plenamente al descubierto", dijo el portavoz de la Cancillería china, Lin Jian.
El vocero destacó que el Gobierno nipón no deja de acelerar el proceso de remilitarización del país y ha protagonizado "una serie de movimientos peligrosos", incluidos el fortalecimiento de la llamada cooperación de "disuasión ampliada", el impulso al desarrollo de submarinos de propulsión nuclear y la búsqueda de un acuerdo de "intercambio nuclear".
"El 'nuevo tipo de militarismo' de Japón ya ha mostrado los dientes, y la comunidad internacional debe mantenerse en máxima alerta y oponerse resueltamente", instó el portavoz.
Tokio endurece su discurso
Con la llegada al poder el año pasado de Sanae Takaichi, la retórica anti-China de las autoridades japonesas se ha agudizado. Las declaraciones sobre Taiwán son las que más preocupan a Pekín. Hace unos meses, la primera ministra afirmó en el Parlamento que el futuro de la isla autónoma china representaba una situación que "amenazaba la supervivencia" del país nipón.
En mayo, durante un foro regional sobre seguridad, Koizumi protagonizó un intercambio con representantes chinos al defender que el Indo-Pacífico debía permanecer abierto a los países que compartieran "normas y principios comunes", una expresión que Pekín interpreta habitualmente como una crítica implícita a su modelo político y a su creciente influencia regional.
Llamó la atención que el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, optara por un tono considerablemente más prudente. Al referirse a las relaciones entre Washington y Pekín, utilizó el concepto de "estabilidad estratégica constructiva", una fórmula muy próxima al eslogan promovido recientemente por el presidente chino Xi Jinping durante su encuentro con Donald Trump.
Los analistas consideran que esta diferencia de enfoques refleja un cambio gradual en el equilibrio regional. Mientras Estados Unidos intenta evitar una nueva escalada con China y concentra buena parte de sus recursos en Oriente Medio, Japón comienza a asumir una postura cada vez más autónoma y confrontativa.
La reciente visita del presidente estadounidense a China no ha hecho más que aumentar la inquietud entre los aliados asiáticos de Washington. "Si sus alianzas no contribuyen al objetivo que se han fijado, resulta bastante peligroso seguir agravando las relaciones con Pekín", señaló a RT Maxim Gabrielian, analista del Instituto de Economía y Estrategia Militar Mundial de la Escuela Superior de Economía de Moscú.
El rearme avanza a toda velocidad
El endurecimiento del discurso político va acompañado de una transformación sin precedentes de la política de defensa japonesa.
En la última década, Tokio ha aumentado sistemáticamente su gasto militar. En 2025, el presupuesto de defensa de la nación superó los 62.000 millones de dólares, lo que representa un aumento de casi el 15 % con respecto a 2024. Este año, la inversión podría alcanzar los 66.500 millones de dólares, según indica su plan presupuestario. El Gobierno de Takaichi también tiene previsto aumentar el gasto en defensa del 1 al 2 % del PIB para el año fiscal 2027-2028, lo que supone un cambio histórico en un país cuya Constitución de posguerra limita sensiblemente la actividad militar.
Japón también aspira a desempeñar un papel más activo en la región. Ya está trabajando para intensificar la cooperación militar, el intercambio de información y la capacitación con países como Filipinas y Australia, al tiempo que ofrece 10.000 millones de dólares en ayuda financiera a las naciones del Sudeste Asiático para hacer frente al vertiginoso aumento de los precios del crudo, impulsado por la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán.