Cómo el deporte beneficia cada parte de nuestro cuerpo

Según el concepto 'el ejercicio es medicina', el efecto positivo de la actividad física para tratar distintas enfermedades puede ser tan potente como el de los medicamentos.

El deporte no solo tiene un efecto estético en el cuerpo; influye en cada parte del organismo humano, incluso en los órganos menos voluminosos y visibles. Uno de los avances más relevantes es la formulación del concepto 'el ejercicio es medicina' en 2007, según el cual el deporte es una herramienta de prevención y tratamiento de enfermedades crónicas.

El concepto 'el ejercicio es medicina' considera a la actividad física como una necesidad para el cuerpo humano, al igual que la bebida y la comida, y apunta que a menudo su efecto puede ser tan potente como el de los medicamentos para algunas enfermedades. Mientras tanto, su contraparte, el sedentarismo, contribuye a la aparición de enfermedades crónicas y aumenta la probabilidad de una muerte prematura.

Todo se explica con una sola sustancia

Cuando un músculo se contrae, cientos de moléculas de proteínas específicas —mioquinas— se liberan y se distribuyen por todo el cuerpo a través de la sangre, conectándose con distintos órganos. Esta sustancia es la razón fundamental por la que el deporte contribuye de forma tan significativa a la salud. Distintos tipos de mioquinas contribuyen al funcionamiento de diversas partes del cuerpo al activarse durante el ejercicio físico.

Para saber más cómo disminuir los efectos de sedentarismo, lea este artículo

Sistema inmunitario

Al menos nueve mioquinas contribuyen al correcto funcionamiento del sistema inmunitario, regulando la proliferación y maduración de las células inmunitarias y mejorando su desempeño.

Por ejemplo, influyen en las células del sistema inmunitario llamadas macrófagos. Estas tienen dos estados: M1 proinflamatorio, asociado a la inflamación y al daño tisular, y M2 antiinflamatorio, relacionado con la reparación y la curación. Son precisamente las mioquinas, liberadas durante la actividad física, las que transforman los macrófagos del estado M1 al M2, reduciendo así la inflamación crónica.

Además, el ejercicio físico moderado refuerza tanto la inmunidad innata como la adaptativa, esto es, la capacidad del organismo de neutralizar agentes que podrían dañarlo una vez han entrado en el cuerpo.

Sistema nervioso y neurocognitivo

El ejercicio hace que las personas sean más inteligentes: estimula la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del sistema nervioso para reorganizar su estructura, funciones y conexiones. Esto se debe a que favorece la formación de nuevas neuronas y contribuye a la salud psicológica.

La actividad física aumenta la producción de la mioquina BDNF, que ayuda a las neuronas a sobrevivir, crecer y formar nuevas conexiones, incrementando la cantidad de dendritas, las prolongaciones de la neurona que reciben información de otras células y la transmiten a su cuerpo celular.

Entre las distintas actividades físicas, el ejercicio aeróbico de intensidad moderada aumenta la acumulación de BDNF en el hipocampo, región responsable de la memoria. Así, mejora las funciones de este órgano, como la memoria visoespacial. Asimismo, el ejercicio aeróbico desarrolla la función cognitiva y reduce los síntomas de depresión y ansiedad.

Por su parte, los entrenamientos de intervalos de alta intensidad también contribuyen al crecimiento de los vasos sanguíneos.

Metabolismo de las grasas

En un experimento, científicos descubrieron que el deporte ayuda a reducir la grasa visceral, papel en el que interviene la mioquina IL-6.

Durante el estudio, los participantes se dividieron en cuatro grupos: unos recibieron una sustancia que bloqueaba la acción de la IL-6, mientras otros recibían un placebo; cada uno de los grupos realizaba ejercicio en bicicleta o no lo hacía en absoluto. Como resultado, quienes no tenían IL-6 funcional no perdieron grasa visceral al hacer deporte, a pesar de que la actividad física normalmente contribuye a ello.

Además, el bloqueo de esta mioquina aumentaba los niveles de colesterol.

Huesos y osteoporosis

Anteriormente, se consideraba que los músculos afectaban a los huesos solo de manera mecánica: al moverse, los músculos tiran de los huesos y estos se fortalecen. Sin embargo, cuando los músculos se contraen, las mioquinas liberadas potencian y regulan el crecimiento y la destrucción del tejido óseo, manteniendo el equilibrio e influyendo en la renovación ósea.

Por el contrario, al evitar la actividad física, puede desarrollarse osteoporosis, ya que el equilibrio se inclina hacia la destrucción del tejido óseo.

Envejecimiento

Uno de los muchos beneficios de la actividad física es que ralentiza el envejecimiento a través de las exerkinas, un tipo de mioquina.

Uno de los factores que influye en el envejecimiento es la inflamación. Sin embargo, la actividad física la reduce al mejorar la función mitocondrial, ayudando al cerebro y fortaleciendo los músculos y los huesos. Las exerkinas modulan la respuesta inflamatoria, transformándola de un estado proinflamatorio a otro antiinflamatorio.

Asimismo, estas sustancias reducen el riesgo de muerte prematura y protegen frente a algunas enfermedades asociadas al envejecimiento, como la diabetes tipo 2.

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