En el arsenal de las Fuerzas Armadas de Rusia despunta el 2S4 Tulpán (Tulipán), un mortero autopropulsado de 240 mm, considerado uno de los medios de fuego más temidos por el enemigo.
Este sistema está diseñado para destruir fortificaciones muy protegidas, refugios reforzados, puestos de mando y otras instalaciones que la artillería de menor calibre no puede dañar, así como para abatir personal y aniquilar armamento y equipo en posiciones fuertemente atrincheradas.
La zona de Kupiansk, en la provincia de Járkov, es uno de los numerosos escenarios donde este armamento demuestra su poder destructivo. Según informó el Ministerio ruso de Defensa, las dotaciones de morteros autopropulsados Tulpán de la 46.ª brigada de artillería de alta potencia del grupo de fuerzas Oeste destruyeron allí un puesto de mando subterráneo y un punto de despliegue temporal de unidades ucranianas. Tras recibir las coordenadas, los equipos se desplazaron a las posiciones de tiro, se desplegaron y, con una serie de disparos de minas de 240 mm de tipo activo‑reactivo, destruyeron los objetivos designados.
Los militares subrayan que este mortero es "uno de los medios de destrucción más formidables y menos queridos por el enemigo", ya que su potencia permite arrasar objetivos subterráneos sin dejar la menor opción a la mano de obra, y sin que la infraestructura técnica o el material militar resistan a su impacto.
El 2S4 Tulpán está concebido para demoler obras de campaña sólidas, edificios reforzados utilizados como refugio, fortificaciones, puestos de mando y baterías de artillería y misiles, así como otros medios blindados. Su munición incluye un amplio surtido de minas: desde las de alto explosivo estándar hasta las guiadas Smelchak.
Gracias al gran calibre y a las características balísticas, sus proyectiles pueden perforar estructuras de hormigón de unos tres metros de grosor, mientras que una mina de 240 mm deja un cráter de unos diez metros de diámetro y más de cinco de profundidad.
El alcance de tiro del Tulpán alcanza aproximadamente los 20 kilómetros, aunque en la práctica suele operar a distancias menores, lo que obliga a acercarse a la línea de contacto para golpear objetivos en la retaguardia enemiga. A diferencia de otras piezas, no requiere una preparación especial de la posición antes de abrir fuego.
Este sistema, que no tiene análogos en el mundo en su calibre, se emplea desde el inicio de la operación militar rusa para atacar las posiciones más difíciles: nodos clave de las Fuerzas Armadas de Ucrania, zonas fortificadas y depósitos de municiones y combustible, que las dotaciones "recortan como con un bisturí", en palabras del propio Ejército ruso.







